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PERFECCIONISMO Y PROCRASTINACIÓN

PERFECCIONISMO Y PROCRASTINACIÓN

“El perfeccionismo es la madre de la procrastinación”

¿Eres un obsesionado de la limpieza? ¿Alguien que constantemente reorganiza las cosas para que se vean bien? ¿Nunca dices no a un plan? ¿Das vueltas sobre cada detalle de un proyecto? ¿Necesitas supervisar siempre las tareas que delegas? ¿Pasas mucho tiempo preparándote para todo lo que haces?

Bienvenido al club de los perfeccionistas! J

Recuerdo que, de niño, ya apuntaba maneras: disfrutaba viendo todos los lápices de colores ordenados en su estuche, los libros en la mochila ordenados por tamaño, pasaba horas hasta conseguir línea a línea completar la pantalla de mi Telesketch, salirse de los bordes al colorear era inconcebible, la caligrafía perfectamente alineada, ante un borrón mejor volver a empezar la hoja…

Muchos de nosotros nacemos con un sentido especial del orden y del control, sin embargo cuando llegamos a adultos es posible que el perfeccionismo pueda convertirse en una carga estresante y contraproducente. Si te suena, quizá haya cosas que podamos hacer para evitar esa parálisis ocasional:

• Saber cuándo abandonar.

¡Ya está! Abandonar no siempre es un signo de fracaso. A menudo es una señal de que se han decidido asignar recursos de tiempo y energía escasos a otro concepto. Elección inteligente.

• Hacer una lista de preocupaciones.

Calma tus nervios sacando tus preocupaciones escribiéndolas en un papel. Un mes después, probablemente te reirás de lo que en su mayoría son recuerdos inocuos. No te preocupes por los detalles, enfócate en tu gran propósito.

• Perder el sentido de la fatalidad inminente.

Trabajo, asuntos personales, entregas, facturas, gente tóxica, cosas irritantes… siempre estarán ahí. Siga adelante enfocado en tu propósito. En lugar de fijarte en lo que se necesita hacer, ¡hazlo! Pero hazlo, y si para ello tienes que empezar a ser menos optimista y más realista en relación a las tareas que puedes sacar cada día, que así sea.

• No dar vueltas sobre cada decisión que tomamos.

Las decisiones cotidianas y asunción de riesgos pueden hacernos subir un escalón o salir mal, en cuyo caso habremos aprendido una lección. Por tanto, siempre ganamos. Guiarnos por nuestra intuición en lugar de razonar, muchas veces nos ahorra tiempo en la búsqueda de soluciones y no por ello aumentamos el riesgo. Escucha a tu tripita y las emociones que se generan ante cada opción.

• No dejar que el perfeccionismo robe nuestra felicidad.

La famosa búsqueda de la excelencia en todo lo que hacemos en realidad nos roba nuestra felicidad, ya que crea un ciclo de perfeccionismo, procrastinación y la llamada “parálisis por  análisis”, algo que los emprendedores conocemos bien.

• No necesitas validación externa.

Sal del ciclo de aprobación, reconocimiento y validación de fuentes externas. Pregúntate ¿he hecho lo máximo que podía hacer con los recursos que tenía? Si es así, entonces has hecho un buen trabajo y debes seguir adelante. Aprende a estar satisfecho con lo que has logrado dando el máximo, lo que Fredy Kofman llama el “éxito más allá del éxito”.

• Silenciar esa voz interior irritante.

Somos nuestros peores enemigos. ¡Tenlo en cuenta! Los pensamientos negativos conducen a más pensamientos negativos. Diluye tus pensamientos negativos meditando 20 minutos todas las mañanas.

• ¡Eh, tú! ¡Aligera un poco!

Los errores percibidos de realizar/crear/comportarse de una manera ‘perfecta’ son solo temporales. Estas cosas no nos definen a nosotros ni a nuestras vidas. Obtén algo de perspectiva y amplitud de miras y sigue adelante.

• Un cerebro hiperactivo es como un motor a 7.000 revoluciones

Las mentes perfeccionistas tienden a correr constantemente, causando sobrecarga y agotamiento. En mi caso particular, varios años viajando de un lado a otro por trabajo, queriendo tener siempre mis camisas planchadas, pantalones sin una arruga y resultado de mi trabajo impecable… me llevaron al colapso: un desmayo para resetear y una bonita cicatriz en la frente para recordarme la importancia de relativizar y bajar las revoluciones.

Prueba una meditación diaria de cinco minutos. Esto da a la materia gris la oportunidad de caer en la primera velocidad durante un tiempo y permite que el cerebro descanse. Algo tan simple como concentrarse por completo en la respiración lenta y profunda hace maravillas.

• Practicar la gratitud.

Comienza cada día escribiendo una lista rápida de 5 cosas que agradeces. Debe ser específico y no decir ‘amigos y familia’. La recompensa para el perfeccionista será la oportunidad de ver por escrito todas las grandes cosas que ya tienes en tu vida. Este sentimiento diario de abundancia puede dar sentido a otras pequeñas cosas.

• Encontrar balance.

‘Hecho’ es mejor que ‘perfecto y nunca completado’.

• Arranque esos estándares increíblemente altos.

Ser amable con usted mismo. A veces, nuestros locos puntos de referencia personales crean una ansiedad innecesaria sobre la posibilidad de cometer el más mínimo error.

• Darte permiso para fallar.

Una sensación interna de seguridad le permite tomar riesgos y tener éxito en el futuro. Recuérdele a su mente perfeccionista constantemente; “¿Qué es lo peor que puede pasar aquí?” ¡Te garantizo que no es tan malo como piensas!

Como dice Tony Robbins: “No importa cuántos errores cometas o cuán lento progreses, aún estás muy por delante de todos los que no lo intentan”

Ser un perfeccionista es definitivamente una maldición y una bendición. ¿No estás de acuerdo?
El equipo de NEW MONDAYS

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